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La queja como forma de vida

queja

“Una de las veces que más me han “taladrado” con la mirada fue en el transcurso de una consulta psicológica. En aquella ocasión acababa de escuchar un relato muy catastrofista; mi confidente me había contado pormenorizadamente “todas las desgracias” que, según él, le habían pasado en las últimas semanas; a continuación, se acomodó sobre su asiento, esperando escuchar frases de consuelo, pero se sorprendió oyéndome: -¡Qué suerte tenemos!, ¡qué oportunidades nuevas van a surgir de esta situación!, de haber sucedido de otra forma, hoy no nos estaríamos planteando estas posibilidades; ¡enhorabuena!, menos mal que por fin los acontecimientos han sido tan claros que nos muestran perfectamente los cambios que hay que acometer: ¡ánimo, que tenemos que trabajar mucho y poner en ello todas nuestras energías!

No había terminado aún mi discursito cuando mi interlocutor parecía que iba a lanzarse sobre mí, con la intención de ¡hacerme reaccionar y volverme al mundo de los “cuerdos”!
Con una amplia sonrisa, que de verdad sentía, le dije: “¡Perfecto!, ¿verdad que estás auténticamente enfadado conmigo? Te parece increíble mi falta de sensibilidad y me miras como si quisieras matarme… ¡eso es lo que quería que comprobases! ¡ves cómo aún tienes la capacidad para reaccionar? Bien, pues en lugar de matarme a mí, vamos a emplear esa energía en encontrar la mejor salida a esta situación que vives.” 

La inutilidad del sufrimiento, María Jesús Álava.

El arte de la queja 

Quejarse es un hábito muy común, incluso hasta la persona más positiva se queja de vez en cuando. Es normal, humano, nos permite liberarnos y desahogarnos.

Lo inútil de la queja viene cuando hacemos de ella nuestro estilo de vida: cuando nos quejamos por todo, cuando nada nos vale, incluso si hasta cuando nos pasa algo bueno también tenemos un “pero”. El verdadero problema está en el valor que le damos a la queja y lo que hacemos con ella.

Quejarse continuamente nos lleva de cabeza al pesimismo, a rozar a veces el victimismo, y a la culpa. A hacer un drama de todo y a sentir un verdadero malestar por cosas y situaciones que no deberían generárnoslo.

La queja no sirve para nada más que para regocijarnos en esa “fatalidad” de la que nos estamos quejando, centrando la atención en lo malo y reforzando así nuestra actitud pesimista ante la vida.

Si tu mal tiene remedio ¿por qué te quejas?

Si no lo tiene ¿por qué te quejas? 

Hay momentos en nuestra vida que debido a las experiencias que estamos viviendo, no tenemos tanta fuerza para enfrentarnos con una sonrisa o una actitud más positiva y activa a las cosas.

Quizá hasta nos pasemos un poco quejándonos, dejándonos llevar sin hacer nada, o echándole la culpa a los demás de lo que nos ocurre. Permanecemos entonces estancados, sin alternativas de solución y con el típico pensamiento “total para qué” del que ya hemos hablado otras veces

Estoy segura de que conoces a más de una persona que afronta así su día a día (no solamente de forma puntual).

Puede que quizá incluso tú mismo pertenezcas al gran grupo de personas de actitud victimista: la queja es tu arma y ves problemas donde realmente no los hay, por lo que sueles tender al drama y a estar a la defensiva. Buscas siempre el apoyo en los demás, demandando atención constante y comparándote con ellos, sintiéndote inferior mientras que con recelo te sigues quejando también de que ellos consiguen más y mejores cosas (y más fácilmente) que tú. Te suena, ¿verdad?

¿Por qué nos quejamos tanto?

  • actitud pesimista
  • envidia: ¿y por qué yo no?
  • falta de empatía
  • narcisismo o incapacidad de ver más allá de uno mismo y su propio ombligo
  • victimismo
  • necesidad de atención
  • comodidad: no hay que cambiar y muchas veces consigues que los otros hagan las cosas

Algunas consecuencias de la queja

  • deterioro relaciones: estar siempre escuchando a una persona quejarse de todo sin que haga nada para cambiar, cansa. Incluso a los amigos más cercanos
  • creación falsa realidad: te has creado un mundo fatalista en el que crees que no puede ser feliz ni puedes hacer nada para cambiar las cosas, salvo quejarte
  • insatisfacción, frustración y descontento
  • falta de responsabilidad y control
  • malestar

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Algunas recomendaciones para quejarnos menos

Parar de quejarnos y cambiar una actitud pesimista o victimista requiere de un gran esfuerzo. Lo primero y fundamental como en todo cambio es querer cambiar, tener la motivación para el cambio, saber a dónde se quiere ir y qué se quiere conseguir.

  • Agradece lo que tienes, hasta el más mínimo detalle, haz una lista y léela cuando te levantes y cuando te acuestes
  • Quejarte puede ser tu primera opción, pero la segunda debe ser ponerse manos a la obra para encontrar una solución al problema del que te estás quejando. ¿Qué puedes hacer de forma diferente?
  •  Cambiar el foco de atención, centrándonos menos en lo que va mal y más en lo que va bien
  • Si ves que has empezado una espiral de quejas o pensamientos fatalistas, dales la vuelta, busca lo que va bien y discute contigo mismo
  • Buscar ayuda profesional para guiarte en este proceso de cambio y ver qué es lo que no está siendo útil para ti

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Lectura “obligatoria”   

Llevar una vida amargada lo puede cualquiera, pero amargarse la vida a propósito es un arte que se aprende (Paul Watzlawick)

El arte de amargarse la vida

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4 comentarios
  1. Me gusta, total no consigues nada quejando te, si no que te eviten………por que saben lo que les viene encima, jajaja

  2. Buenisimo!!! me encanto… articulo completo y si es vicioso la queja y a la vez re toxica
    Asi que mas fácil encontrar energía para darle un toque mas alegre a la vida que desperdiciarla es la queja

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